El día seguramente estaba acabándose, por que, donde se encuentra esta mujer joven, diría que en el centro mismo de esta gran sala de estación, está, semi a oscuras, iluminada por luz artificial mas bien amarillenta, la veo por detras, con su pelo recogido en una improvisada cola, se supone que el cabello suelto es una media melena, de cabello fino y castaño casi rubio, suelto le llegaria a las solapas de su sueter ajustado al igual que su falda que dejaba ver unas piernas bonitas rematadas por unos zapatos de tacon de considerable altura. És sobre todo joven y por añadidura bella. ¿Qué espera en el centro de aquella sala solitaria?- cuya cúpula redonda y acristalada dejaba sentir la oscuridad , las luces artificiales y el silencio, como se cernian poco a poco, envolviéndola, sin que ella de un solo paso. Solo mira las vías por donde se supone que pasan los trenes y hacen parada con destinos desconocidos, no lleva bolso ni maleta, la sala no tiene donde sentarse las personas, ni ventanillas, ni paneles informativos, la serenidad que emana ella es de quien sabe que llegará a su destino. Lo que no sabe és qué medio va a emplear para lograrlo, tampoco le preocupa, está alli clavada por algo inesperado y esperado a la vez, esperado quizá como ese niño que a una distancía de unos dos metros la mira silencioso. És tan pequeño como un niño de un año o dos, ¿como ha aparecido?- no le importa, és muy pequeño y está solo, és una galletita dorada con unos grandes hojos azules que le suplican que lo coja y lo proteja, solo ella puede hacerlo en ese sitio solitario y redondo, donde la única salida és un tren con destino desconocido y abandonar al niño ó la puerta que tiene a su espalda, y llevar a esa criatura -¿a donde? - a su casa con los suyos... abrá que salir y comprobar qué hay fuera de este centro o estación de trenes. |
Que hermoso, que relato mas hermoso, esperaré a leer la segunda parte, estoy intrigado, creo que es el inicio de un hermoso viaje interior.
donjo.